La obra de César Santiano, «El hombre y sus pasiones», presenta una intensa representación de la lucha interna entre las emociones y deseos del ser humano.
Creada en 1912, la escultura ha sido objeto de controversia y admiración a lo largo de los años, pero hoy es una pieza clave en la Plaza Balcarce, en el barrio de Núñez, donde invita a la reflexión sobre la naturaleza humana.
La escultura, realizada en mármol, muestra a un hombre en tensión, capturando la eterna batalla entre la razón y las pasiones que dominan la vida del individuo. Esta obra le valió reconocimiento internacional cuando, en 1913, recibió un premio en París, consolidando la reputación de Santiano. La escultura se ha transformado en un emblema de la Plaza Balcarce, un espacio verde que fomenta la reflexión en medio del ajetreo urbano.
Santiano, nacido en Buenos Aires en 1886, tuvo una vida marcada por su pasión por el arte, aunque también incursionó en el atletismo y trabajó en circos antes de dedicarse plenamente a la escultura. Con una beca del gobierno argentino, perfeccionó su técnica en Europa y regresó a Buenos Aires, donde logró consolidarse como un referente artístico. Su trágica muerte en 1919 a los 33 años dejó un legado que aún perdura en su obra.
Originalmente ubicada en la Plaza Arenales de Villa Devoto, «El hombre y sus pasiones» fue retirada en 1927 debido a la controversia que sus figuras femeninas generaban, siendo consideradas indecentes por algunos sectores conservadores. Sin embargo, con el paso de los años y la superación de los prejuicios, la obra fue reubicada en la Plaza Balcarce, donde sigue siendo un símbolo de la lucha interna del ser humano frente a sus emociones y deseos.




