El Poder Judicial argentino atraviesa uno de sus momentos más tensos. Mientras su rol constitucional es clave para el equilibrio democrático, su imagen pública se encuentra deteriorada. La ciudadanía lo percibe como un poder alejado, lento e influenciado por intereses políticos. La justicia, que debería ser un pilar firme, aparece cada vez más cuestionada. La pregunta que flota es: ¿quién controla al que debe controlar?

La Corte Suprema, máximo órgano judicial del país, se encuentra en el centro de la escena. Sus fallos generan impacto político, social y mediático, y muchas veces son leídos con lupa por los distintos sectores. Abajo en la pirámide judicial, los tribunales federales y provinciales enfrentan una sobrecarga de causas, falta de recursos y una burocracia que atrasa. La promesa de una justicia rápida y eficaz parece cada vez más lejana para el ciudadano común.

La designación de jueces también despierta polémicas. Si bien el sistema prevé concursos y audiencias públicas, en la práctica, las decisiones pasan por acuerdos políticos. Esto alimenta la sospecha de que muchos magistrados llegan al cargo por vínculos más que por méritos. La estabilidad vitalicia hasta los 75 años, además, dificulta la renovación y oxigena poco al sistema. La justicia aparece como una institución cerrada, difícil de auditar.

Reformas se han propuesto muchas, pero pocas avanzan. Digitalización de expedientes, juicio por jurados, mayor transparencia: todas figuran en documentos oficiales, pero se implementan con cuentagotas. Las resistencias internas son tan fuertes como las desconfianzas externas. En medio de todo, los casos resonantes —de corrupción, de poder, de impunidad— siguen marcando la agenda y erosionando la credibilidad.

Mientras tanto, la sociedad mira con escepticismo. La justicia parece responder mejor a los poderosos que a los ciudadanos comunes. Recuperar la confianza no será sencillo. Pero sin una justicia independiente, moderna y cercana a la gente, la democracia argentina seguirá caminando con una pata floja.